San Pablo de Tarso. “El Iniciado Cristiano”

San Pablo de Tarso

"Apóstol de las gentes"

Por: Don Mario Roso de Luna

¿Quién es ese hombre sublime, ese Apóstol de las gentes, que con tan sabia gallardía se expresa respecto al problema más hondo que desde luengos siglos avasalla a las mentes de los hombres no iniciados en la Antigua Sabiduría?

¿Quién es ese eximio cristiano que de tan prodigiosa manera nos hace retornar la vista hacia los misterios, aparentemente perdidos, que antes fuesen el alimento espiritual de esos pueblos gigantes que se han llamado la Ario-India, la Persia, el Egipto, la Grecia primitiva, y de otros, aún más antiguos, de los que la historia vulgar ya no tiene ni memoria siquiera?

Paul_in_prison

 

Saulo, después Paulo o Pablo, nació de padres judíos, nacido entre los años 5 y 10 d. C. En Tarso de Cilicia —dice la advertencia general sobre las epístolas de San Pablo del Padre Scío de San Miguel—.

Los naturales de Tarso gozaban el derecho de ciudadanos de Roma, y Pablo, instruido en las letras hebreas desde sus más tiernos años, se aplicó luego al estudio de las griegas, que florecían en su patria con tanto primor como en la misma Atenas. Para perfeccionarse más en las doctrinas de la ley y en las tradiciones de los ancianos, pasó a Jerusalén, y siguiendo la escuela de los fariseos, salió eminente, bajo la dirección y magisterio del célebre Gamaliel, y se mostró siempre ardiente celador del judaísmo, hasta el tiempo de su maravillosa y extraordinaria conversión...

conversionpablo

Pasó de ciudad en ciudad y de provincia en provincia por las regiones principales del Oriente, fundando iglesias, ordenando obispos y ministros y predicando el Evangelio o "la Buena Nueva" en todas partes con inmensas fatigas; pero también con inmenso fruto y con la más rápida y admirable propagación de la Religión cristiana, como se refiere puntualmente en los Hechos de los Apóstoles, desde su conversión hasta su traslación a Roma, adonde fué conducido por la apelación que interpuso al César.

Los dos años que estuvo preso en aquella ciudad, tuvo libertad de predicar e instruir en la fe a cuantos concurrían a él...

Salió libre Pablo, por fin, de la acusación contra él lanzada, y emprendió nuevos viajes para alumbrar también a las naciones del Occidente, que estaban sepultadas en las tinieblas de la idolatría.

Una de las principales que ilustró por este tiempo, conforme a lo que ya tenía prometido, fué nuestra España, la cual, con la visita de tan grande apóstol, adelantó mucho en la doctrina evangélica que poco antes había recibido. Desde estas provincias volvió a las de Oriente, y después de haber predicado el Evangelio en Candía, dejó a su discípulo Tito en aquella isla y partió para Palestina y luego a Colosa y a Éfeso. Visitó las iglesias de Macedonia, en especial la de Filipos y también las de Troades y Mileto, las de Antiochia de Pesidia y las de lconio y Listro...

“...No contento Pablo en sus dilatadas peregrinaciones con instruir a las gentes de su tiempo, extendió su celo a los ausentes y a todos los siglos venideros dejando explicada a los fieles la doctrina evangélica y los misterios del Cristo en unas catorce cartas, veneradas siempre por toda la Iglesia como dictadas por el Espíritu Santo para la común edificación...

noble_escriba

Otros muchos escritos se publicaron en los primeros siglos, y se atribuyeron a San Pablo, pero la Iglesia sólo ha tenido por legítimos y canónicos los de sus catorce cartas a los thesalonicenses, gálatas, corintios, romanos, efesios, filipenses, colosenses, hebreos y a Filemón, Tito y Timoteo, sus discípulos. En la lectura de estos documentos hallarán los fieles aquella doctrina que aviva la fe, enciende la caridad y excita en los corazones dóciles un tierno y fuerte amor al Señor. Todos los Padres de la Iglesia fueron muy aficionados a los escritos del gran Apóstol de las gentes, y particularmente San Juan Crisóstomo, en quien se puede ver lo que aquí se omite".

Por lo transcrito, inspirado, como es sabido, en la ortodoxia cristiana, se adivina que lo que el Apóstol de las gentes enseñaba, por encima tanto del ya desacreditado y grosero paganismo vulgar como del naciente y todavía mal fijado cristianismo, era sencillamente la Doctrina Secreta tradicional, o Sabiduría primitiva comunicada en los Misterios Iniciáticos con cargo en la cadena interminable de Instituciones que vienen desde los tiempos de esplendor de la Atlántida hasta nuestros días, instituciones contra las que nada pueden en verdad las envidias y calumnias de los profanos perversos, las de la revelación o doble velo tendido sobre aquellas primievales y eternas enseñanzas, únicas que pueden traer de nuevo al mundo la Edad de Oro algún día.

Así se explican tanto los hechos de su vida como todas sus extrañas aserciones, tan mal entendidas de ordinario.

grecia

El espíritu de Pablo, en efecto, se inflamó en Atenas viendo a la ciudad entregada a la idolatría. Algunos filósofos epicúreos y estoicos disputaban con él y se decían: “¿Qué nos quiere decir este charlatán?”... Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo entonces:

“Varones atenienses, en todas las cosas os veo archisupersticiosos, pero, recorriendo vuestros simulacros religiosos, he visto un ara en la que estaba escrito: “Al Dios Desconocido y sin nombre”. Este, pues, que vosotros adoráis es el que yo os anuncio. El Dios que hizo al mundo y a cuantas cosas hay en él, y que, siendo Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos fabricados por la mano del hombre, puesto que en Él vivimos, somos y nos movemos, como muchos de vuestros poetas han dicho”...

Oyendo esto, unos hacían burla y otros simplemente le decían: “Te oiremos otro día acerca de esto” (Hechos, XVII, 16-34). Más Dionisio el Areopagita creyó y quedó justificado.

Pablo, por tanto, predicaba la tradicional doctrina de los misterios iniciáticos griegos y antegriegos respecto del Dios Desconocido y de su Eterna Ley...

“Ley no escrita con tinta, sino con espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en la carne del corazón”.

elementales

Por eso añadía (II Corintios, c. III): “Hablamos con esperanza y confianza, y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro... Aun en el día de hoy cuando los israelitas (el vulgo) leen a Moisés, el velo sigue puesto en el corazón de ellos, velo que será quitado cuando se convirtieren al Señor, porque el Señor es Espíritu y allí donde el Espíritu mora, allí hay libertad. Así, registrando nosotros a cara descubierta la gloria del Señor, de claridad en claridad, somos transformados en la imagen misma del Espíritu del Señor”.

Toda la tarea, pues, del gran Apóstol de las gentes se cifraba en descorrer este gran Velo Religioso —Velo de Isis, que nosotros diríamos— enseñando a Dios “en Espíritu y Verdad”, o sea iniciando en altísimos misterios del Reino de los Cielos.

Por eso el Apóstol se expresa, asimismo, como el más perfecto cabalista y ocultista oriental hablando concreta y taxativamente de las sílfides, elementales, aves o potestades del aire, naturales enemigos del candidato o aspirante a la iniciación y que tratan de avasallarle, después que éste ha conseguido remontar por sobre las miserias humanas que le esclavizan al mundo y a la carne.

Véanse, si no, en la Epístola primera a los de Éfeso (c.V, v. 12), frases como éstas, que jamás han sido bien interpretadas por los comentaristas, pero cuyo alcance apreciará por completo el lector que previamente se haya hecho cargo de lo que en el capítulo II llevamos dicho acerca de las simbólicas Aves, de Aristófanes: "Porque nosotros —los Iniciados, los Perfectos, dice— no tenemos ya que luchar contra la carne y la sangre —es decir, contra las pasiones vulgares— sino contra los arcontes, los gobernadores de las tinieblas de este mundo; contra los espíritus de maldad en los aires".