Diógenes

Diógenes de Sinope

el Cínico

Su ciudad natal fue Sínope, Grecia, en la actualidad perteneciente a Turquía. Ha sido considerado como el prototipo de la escuela Cínica. Como escritor resaltó por su historia de la filosofía griega y particularmente por su obra Vidas, enseñanzas y afirmaciones de filósofos famosos. Este trabajo constituye una compilación donde hay desde referencias de lugares y fechas, datos biográficos muy importantes, y la fiel copia de muchos escritos filosóficos, podemos encontrar un resumen muy completo de las principales doctrinas. Su obra total comprende un libro de introducción y otros nueve de desarrollo, donde la filosofía griega queda separada en dos ramas, una jónica y otra itálica. Una parte importante del libro sexto, está perdido.

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Diógenes fue contemporáneo de Aristóteles y del divino Platón. Hijo del banquero, Hicesius. Diocles comenta que al serle confiado a Hicesius el dinero del estado, él adulteró la acuñación, motivo por el cual tuvo que ir al exilio, otros autores sugieren que Diógenes mismo fue quien realizó este fraude y su padre fue a prisión. Mientras su hijo tuvo que exilarse se embarcó rumbo a Atenas, donde busco ser admitido como discípulo de Antistenes, el cual rechazaba a todos sus discípulos, A Diógenes lo rechazó enérgicamente e incluso lo golpeó con una vara. Diógenes fue persistente e incluso dijo a su Maestro:

— “Golpéame Antístenes, más nunca encontraras una vara tan fuerte como para alejarme de ti, mientras tú digas algo que merezca ser escuchado” El Maestro sintió que la respuesta de su discípulo era muy acertada, y complacido lo admitió en su escuela.

Los principios de la escuela Cínica y el carácter de su Maestro fueron adoptados por Diógenes. En su carácter de exiliado decidió llevar una vida sencilla, haciendo renuncia a cualquier tipo de ambición, se caracterizó por el desprecio a las riquezas u honores; no gustaba del lujo, vestía un manto burdo y llevaba consigo un zurrón, un bastón. Hacía de los pórticos y otros lugares públicos su vivienda.

En cierta ocasión observo que un muchacho bebía agua usando para ello las manos; así que sacando del zurrón su cuenco lo arrojó diciendo: —“Un muchacho me gana en simplicidad y economía”.

Entre sus pensamientos y frases es difícil hacer una selección, pues casi todo merece recordarse. Al preguntarle en donde había visto en Grecia hombres buenos, respondió: “HOMBRES EN NINGUNA PARTE, muchachos sí en visto en Lacedemonia”.

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Tal vez fuera por esto que se dice, salió alguna vez a buscar “un hombre” por las calles de Atenas, en pleno día; alumbrándose con un farol. Atacó con acritud tanto creencias como costumbres de sus contemporáneos. Pues él prefería: “Vivir conforme a la naturaleza”. “A los amigos debemos alargarles las manos con los dedos extendidos” decía.

En el Dialogo Megariano dice Teofrasto que Diógenes descubrió como adaptarse a las circunstancias, y a no buscar manjares o delicias. Practicaba el autocontrol y la abstinencia más estricta, se exponía al frío y calor extremos. Le pidió a un amigo, que le consiguiera una celda para vivir. Llegó a vivir con la dieta más básica ocasionalmente otorgada por la mano de la caridad.

Cuando navegaba rumbo a Egina, ya en su vejez fue capturado por piratas que en ese tiempo asolaban los mares, y llevado a Creta, fue puesto a la venta en el mercado público. A todos sorprendió, pues mientras quienes eran vendidos como esclavos, estaban cabizbajos y derrotados, él se sentía como siempre dueño de sí mismo, y al preguntarle el pregonero:

“¿Tu que sabes hacer?” Él respondió: “Yo sé mandar hombres, anuncia si alguien se quiere comprar un amo”.

Al escucharle Xeniades, — un acaudalado corintio que pasaba por allí— pensó para sí que este hombre era un sabio y lo compró; en el camino a casa de Xeniades, Diógenes le dice que a partir de ese momento debe aprender a obedecerlo aunque el fuese su esclavo, pues “aunque el médico y el piloto fuesen esclavos, conviene obedecerles”. Al llegar a Corinto, Xeniades le otorgó la libertad, y le confió la educación de sus hijos y el manejo de los asuntos de la casa. Diógenes cumplió su cometido con tanto esmero que Xeniades solía decir que los Dioses le habían distinguido enviando a su casa un genio para que le sirviera.

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Se cuenta cuando en una ocasión estando Alejandro Magno en Corinto, pasando revisión a sus ejércitos, recibiendo las felicitaciones de los ejércitos puestos al mando de los griegos contra los persas, vio a Diógenes entre la multitud, con ese carácter que lo hacía resaltar. Alejandro con curiosidad fue a ver a Diógenes a su Morada, y le dijo:

—“Soy Alejandro el Magno” a lo que el sabio respondió: “y yo soy Diógenes el Cínico”, entonces Alejandro le dijo que pidiera lo que quisiera a lo que Diógenes dijo “No me quites mi sol”. Pues Alejandro hacia sombra y no entraban los rayos del Sol a su morada.

Alejandro le inquirió, acerca de cuál servicio podía otorgarle; “No tapes mi Sol”, dijo el cínico. Alejandro el Magno conmovido por tan brillante respuesta, decía a sus amigos: “Si no fuese Alejandro, me gustaría haber sido Diógenes”.

Él no se apoyaba en su bastón hasta que estuvo enfermo, cuando caminaba en el campo, pero después lo llevaba a todas partes. Educó muy bien a los hijos de Xeniades, Los cuales fueron ilustres. Diógenes murió en casa de Xeniades a los 90 años y en su honor, sobre su tumba se erigió una columna de mármol, que remataba en la figura de un perro. Los habitantes de Sinope Grecia, (ahora Turquía) erigieron en su honor estatuas de bronce. Al final de su vida se dedicó más a la sabiduría práctica que a la sabiduría teórica. Diógenes llamaba a los oradores populares “Servidores de la turba” y a las coronas “Vejigas de gloria”. Decía de los animales de mordedura más perniciosa así: “Entre los bravíos, el calumniador, y entre los domados, el adulador”. A un joven que se ruborizaba le dijo: “ten ánimo que ese color es el de la virtud”

Como no faltan los envidiosos, había uno contemporáneo de Diógenes que le echó en cara el haber sido monedero falso, lo cual él reconoce en su pódalo, a lo cual él replicó: “Hubo un tiempo en que yo fui tal como tú eres ahora; pero como yo soy ahora, tu nunca lo serás”. Le preguntaban si habían concurrido muchos hombres a los juegos olímpicos a lo que él respondió: “Gente mucha, hombres pocos”.

Algunos le advertían que muchos se reían de él, respondió: “Y de ellos acaso se ríen los asnos, pero ni ellos se cuidan de los asnos, ni yo de ellos”, al interrogarle porque le decían Kion (can), dijo: “halago a los que dan, ladro a los que no dan, y a los malos los muerdo”. Al notar que dos afeminados se escondían de él, les advirtió: “No temáis que el perro no come acelgas”.

Había quienes le reprochaban por entrar en lugares inmundos, contestando él así: “También el Sol entra en los albañales y no se mancha”. Decía Diógenes que el saber es templanza para los jóvenes, para los viejos consuelo, para los pobres riqueza, y para los ricos ornato. Era poseedor de una maravillosa fuerza persuasiva.